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A propósito de la llegada de Amazon a México

Los periodistas Wilbert Torres y Felipe Soto nos entrevistaron, junto a otros editores, acerca del mercado del libro, los libros electrónicos, la Ley del Libro y el riesgo que implica para los editores y las librerías mexicanas la llegada de Amazon a México. El texto es muy interesante, vale la pena leerlo todo.

Amazon, el gigante voraz, desembarca en México

Dos décadas tuvo la industria editorial mexicana para prepararse. Ahora, listos o no, la firma de ventas en línea más grande del mundo llega a nuestro país y su poderío siembra dudas al interior de nuestra endeble industria del libro. ¿Será un actor que le dé visibilidad a los proyectos que no pueden atravesar el limitado espectro de las librerías y editoriales mexicanas? ¿Consumará las prácticas predadoras que lo han hecho el enemigo en mercados editoriales en otras partes del mundo? Hagan sus apuestas.

Llamadas de emergencia

En mayo pasado, una serie de telefonemas fue hecha desde la oficina de Ricardo Cayuela, jefe de la Dirección General de Publicaciones del Consejo Nacional de Cultura (Conaculta), en el moderno edificio acristalado de oficinas sobre Paseo de la Reforma. Sus llamadas irrumpieron en el ritmo del mundo editorial mexicano: ese tobogán sin pausas que orbita alrededor de ferias nacionales e internacionales del libro, estrategias de mercado y el lanzamiento de las novedades que invaden cada mes las vitrinas de Gandhi, Sanborns, Educal, El Sótano y El Péndulo, entre otras librerías y almacenes del país.

 —Ya viene Amazon —confirmó Cayuela a cada uno de sus interlocutores—. Tenemos que reunirnos.

La comunicación era un llamado urgente a conversar y discutir medidas para proteger a la industria nacional del libro.

Citado por Cayuela, un nutrido grupo de miembros de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, la Asociación de Editores Mexicanos Independientes, libreros pequeños y medianos y grandes conglomerados editoriales, como Planeta, Random House y Santillana, asistieron las semanas siguientes a seis encuentros para discutir las condiciones en las que la industria editorial hará frente al debut de Amazon.

Los convocados escucharon a Cayuela decir que la única salvaguarda existente para que sus libros no sean colocados por Amazon debajo del precio que ellos establecen, es el Sistema de Registro del Precio Único creado al amparo de la ley.

“Hicimos un serio llamado a que registren sus obras”, explica Cayuela en entrevista, “porque lo que hay hasta ahora es un buen acuerdo y todo mundo más o menos respeta la ley del libro en un clima de buena fe, salvo algunas grandes librerías que no lo hacen”. Sus oficinas, en un primer piso atestado de trabajadores con escritorios viejos y sillones desgastados, son una imagen que remite a los años ochenta: hace tiempo que el tren de la modernidad dejó atrás a la cultura mexicana.

En las reuniones de trabajo, Cayuela advirtió a los editores que si no registraban el precio de sus libros, la empresa norteamericana estaría legalmente capacitada para hacer los descuentos que decida, lo que sin duda podría abrir paso a una competencia desleal. “Si los registran —añadió— ya no estará capacitada. Que lo haga y burle la ley, ya será una cosa más complicada en la que seguramente no van a incurrir.”

En realidad no existen muchas alternativas para activar medidas de contención a la tentación de Amazon por ofrecer productos con descuentos fuera de la ley.

Las alrededor de 500 librerías mexicanas estarán, muy posiblemente, a merced de las agresivas prácticas que han caracterizado el ascenso de Amazon en el globo.

La paradoja de las librerías

A los mexicanos nos gusta el chile, el tequila, el mariachi, el futbol… y no nos gusta leer. Podemos ubicar esta sentencia dentro de esa categoría burda y estereotípica que sujeta la idiosincrasia nacional a prejuicios frívolos y anacrónicos. Sin embargo, la premisa tiene varios trasfondos. Más de la mitad de la población de nuestro país vive en condiciones de pobreza o pobreza extrema. En ese contexto, la lectura es un acto prescindible cuando de lo que se trata es de sobrevivir. Si a esto sumamos que la industria editorial —como casi todos los emprendimientos en México—se ha quedado estancada y no ha construido fundamentos que la impulsen en lo comercial, vemos por qué las encuestas revelan fatídicamente que los mexicanos leemos un libro al año.

Sin embargo, la lectura —dicen los profesionales de la industria— es un asunto de oferta más que de demanda. Las ferias del libro son prueba de ello. Cuando los libros están  disponibles en un entorno accesible, los lectores responden. El famoso corredor de librerías de la avenida Miguel Ángel de Quevedo, en el sur de la Ciudad de México es buen ejemplo.

En apenas cien metros de distancia conviven dos sucursales de librerías Gandhi (próximamente tres), una de El Sótano y otra más del Fondo de Cultura Económica. La venta de libros no se ha dividido entre tres, sino multiplicado por tres.Cada uno tiene su público y ha encontrado su medio para subsistir. Y si la industria editorial es un asunto de oferta, encontramos un enorme problema con el siguiente —y éste sí muy escalofriante dato—: México ocupa el penúltimo lugar en librerías per cápita en Latinoamérica. Mientras que en nuestro país hay una librería cada 110 000 habitantes; en Argentina hay una cada 25 000, en España una cada 13 000 y en Alemania una cada7 000, según datos de la CANIEM.

Atentamente, Jeff Bezos

Hace un par de años, discretamente, abrió Amazon un portal mexicano, con punto eme equis al final de su nombre, y se enfocó en vender libros electrónicos para su tableta Kindle. Pero el pasado martes 30 de junio del 2015, un aviso apareció en el hasta entonces tímido sitio mexicano. Comenzaba así:

Estimado Cliente:

Hoy, Amazon abre sus puertas virtuales como nunca antes. Estamos lanzando en México con más categorías, más artículos y más funcionalidades que en cualquier lanzamiento previo que hayamos realizado en otras partes del mundo.

El subrayado es nuestro. Más adelante dice que la selección de productos que se pueden encontrar es “tan amplia que incluso podrás comprar hasta un porta aguacates” —no sabemos ni siquiera qué es eso—. La carta, que abarca más de una cuartilla y pasa lista por la gama de servicios del sitio, venía firmada por Jeff Bezos. Originario de Albuquerque, NuevoMéxico, Bezos tenía treinta y pocos años a mediados de los años noventa, cuando comenzó a vender libros de papel desde un portal en internet. Dos décadas después, es uno de los hombres más ricos del mundo con una fortuna calculada en 39.5 mil millones de dólares. Amazon, su empresa, hasta mayo de este año, ocupaba el lugar 13 en la lista de marcas más valiosas del mundo, según Forbes. Está valuada en 175 000 millones de dólares y tiene alrededor de 154 000 empleados.

 Si bien desde los noventa existen formas de comprar libros y discos en Amazon desde México (que pueden llegar, por diferentes vías y precios, unos días más tarde), el impacto de este portal hasta el momento ha sido marginal en el ecosistema mexicano de negocios. No así en los Estados Unidos, donde su dinamismo puso en jaque a las librerías tradicionales, llevando al cierre a muchos establecimientos e, incluso, contribuyendo a la quiebra de cadenas enteras, como Borders, la cual llegó a emplear a cerca de 19 500 personas en 511 sucursales en Estados Unidos y cerró su última tienda el 18 de septiembre del 2011. Borders es el ejemplo emblemático de lo que los norteamericanos han llamado “bricks & mortar”(literalmente: “cemento y ladrillos”), la categoría de locales comerciales tradicionales que se ven amenazados por los comercios en línea. 

Así, el 30 de junio, Amazon desplegó todo su poderío en México. ¿En qué consiste eso? Básicamente en la posibilidad de obtener libros y otros productos con envío a domicilio gratis, o a muy bajo costo, y rápido, en las principales ciudades del país. Pero también, la entrada de lo que el economista Paul Krugman ha definido como un monopsonio de la industria editorial: es decir, el agente comprador hegemónico que incide en un mercado (del griego mono– [ μονο-]único y psonios [ ψωνιος] compra). El ensayo de Krugman es “Amazon’s Monopsony Is Not O.K.”, publicado en The New York Times en octubre del 2014. Ser el agente comprador preponderante permite establecer las condiciones mercantiles ante los tímidos y disminuidos competidores. 

El mercado editorial mexicano tuvo dos décadas para prepararse para la llegada de este momento. Hace siete años logró que se aprobara en el Congreso la llamada ley del libro que estipulaba, entre otras cosas, que un título tendría el mismo precio de venta al público en cualquier parte del territorio nacional. No fue una labor sencilla. De hecho, el último acto de la presidencia de Vicente Fox fue vetar esa ley del libro. Después de un largo ir y venir que implicó involucrar a lobistas, editores, libreros y muchos abogados, la industria editorial por fin consiguió que se promulgara la citada ley, sólo que, en un descuido garrafal, se publicó sin contemplar sanciones para aquellos que la infringieron. No obstante, se avanzó enormemente en regular una industria en la que los grandes se comían a los chicos y proliferaba un sistema de descuentos artificial que, en buena medida, explica la ausencia casi total de librerías en el país. 

Amazon llega como un competidor con una fuerza sin parangón a la industria. Los lectores parecen estar contentos porque podrán combatir el maltrecho sistema de librerías mexicano que tiene una siempre insuficiente oferta concentrada, con muy honrosas excepciones, en las zonas de poder adquisitivo medio/medio-alto de la Ciudad de México. 

¿Logrará incorporar la industria editorial al gigante de compras en línea como un competidor más que dé un servicio que los lectores por ahora no tienen? Eso sería lo deseable. Sin embargo, fuentes extraoficiales han declarado que la transnacional tiene ya un equipo de lobistas trabajando en el congreso para tirar la Ley del Precio Único delLibro. De ser cierta esta versión, ¿logrará Amazon destruir los avances logrados y se erigirá como el monolito único en la industria editorial devastando la magra cadena de librerías? Recordemos que el problema es que la ley quedó en el papel y en la práctica no se cumple porque el reglamento promulgado no contempla sanciones para aquellos que la infrinjan.

El milagro de un pesimista

Una mañana de junio, Pablo Moya, coordinador editorial de Ediciones El Milagro, se acercó a la mesa de centro de su departamento en un edificio viejo y hermoso de la colonia Roma y, como si se tratara de un tesoro añoso, depositó en la superficie Palermo Unsung, un libro con tapa en lienzo de seda deMauro D’Agati, fotógrafo argentino que un tiempo se dedicó a tomar instantáneas de los habitantes de Palermo, Italia, reunidos en un festival de música. Hace tiempo que tiene el deseo de editarlo en México y en esa intención le pidió a un vecino que viajaba a Alemania que buscara el volumen editado bajo la prestigiosa editorial Steidl Verlag en las librerías.

Cuando su amigo le dijo que no lo había encontrado en ninguna parte, Moya entró a Amazon, un hábito frecuente en su tarea de rastreo de libros afines a Ediciones El Milagro —editorial especializada en teatro y cine que desde 1992 ha publicado a los mejores dramaturgos del México contemporáneo y documentado el cine nacional—. Tras una búsqueda rápida, lo encontró: costaba tres dólares. Pensó que sería un folleto; aun así hizo clic y lo recibió una semana después.

—Es un libro usado en perfectas condiciones, una de esas joyas que puedes encontrar en Amazon a muy buen precio. —Moya acarició las páginas brillantes con fotografías en blanco y negro.

Más allá de esos atractivos, Moya ve en la llegada de la multinacional un juego de espejos en el que se alterna una paradoja: que Amazon sirva para dar presencia y catapultar a editoriales independientes desdeñadas por las librerías más importantes. Esta ventaja no está exenta de peligros.

“En Nueva York desaparecieron librerías y afectó a la industria. Aquí está por verse qué pasará”, dice Moya, hijo del fotógrafo Rodrigo Moya, autor de célebres imágenes de tiburoneros, guerrilleros, María Félix comprando baratijas en la lagunilla y los funerales de Diego Rivera. Uno de sus libros, Mirada documental, editado por El Milagro junto con La Jornada y la UNAM, está al alcance de un clic gracias a Amazon.

El editor no oculta su pesimismo cuando se refiere a la ley del libro. “Se trata de un marco de normas que nos protege, pero estamos en un país donde la ley no se respeta y es letra muerta.” Hace notar que es importante tener en cuenta que es posible que Amazon incurra en prácticas de competencia desleal, pero también es preciso recordar que el precio único no ha sido respetado. “Al inicio ni las librerías del Estado lo aplicaban, y el Fondo de Cultura Económica y Educal otorgaban descuentos en novedades. Tras una presión de los editores, ambas ahora lo respetan, pero Gandhi y El Sótano siguen jugando a que no hay un órgano regulador.”

Esto es consecuencia de que aún no exista en el país un Instituto del Libro, que aparece en el texto de la ley, pero permanece sin efectos porque el Congreso no ha aprobado un reglamento. “Yo diría, ‘bienvenido Amazon’, pero en términos de mercado y reglamentaciones, estamos en un país en donde no se respetan y Amazon, con la fuerza que tiene, con seguridad va a encontrar todos los vericuetos para eludir todo tipo de normas.”

En defensa del ecosistema del libro

A lo largo de 18 años, Nubia Macías perteneció a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Fue asistente de la Coordinación de Promoción, jefa de prensa, subdirectora y 10 años directora general. Ahora, desde la dirección general de Grupo Planeta en México, Estados Unidos y Centroamérica, su principal preocupación ante el arribo de Amazon es que en México no ocurra lo que sucedió en otros países. “Todo esto representa un fenómeno que debemos observar con cuidado. Aunque nuestros mercados se parecen, son diferentes, y nos corresponde cuidar la biodiversidad en un país con grandes diferencias socioeconómicas.” Para ella, la empresa norteamericana es bienvenida como todas las que desean vender libros, si juega con las mismas reglas y respeta las leyes. “No creo que ahí debamos negarnos. Antes que editora soy una gestora cultural, y tengo la obligación de cuidar que la biodiversidad cultural se respete y que no arrasemos. Es como las minerías: abren una para generar treinta empleos y envenenan las aguas de veinte mil personas. Hay que medir las consecuencias que puede traer no ser igualitarios.” 

Como parte de ese cuidado necesario, Macías subraya que debe evitarse que con la llegada de Amazon los libros sean para quienes tienen acceso al crédito y a internet. “Los libreros pequeños, medianos y grandes tienen derecho a competir y a que la gente tenga la oportunidad de seguir comprando. Tenemos que ver a México con sus grandes diferencias.” Otra arista que no debe ser ignorada —agrega— es que todas las empresas editoriales instaladas en el país pagan salarios e impuestos. Lo que hace diferente a Amazon es que está afincada en EstadosUnidos y será fundamental revisar si en verdad tiene una cobertura de impuestos aquí o sólo allá. No es una sospecha infundada: por décadas, Amazon evadió miles de millones de dólares en impuestos en Estados Unidos debido a que se declaraba como una empresa con sede en Washington, por lo que sólo pagaba impuestos de lo que vendía en ese estado, pero no los pagaba en las demás confederaciones, y esa diferencia la usaba para reducir el precio al consumidor, haciendo imposible que pudieran competirle las librerías tradicionales. Macías está de acuerdo en que la ley del libro será una herramienta vital ahora que Amazon comience a trabajar en el país, un conjunto de reglas que, subraya, fue creado sobre todo para proteger los derechos de los libreros y los consumidores; pero los autores de los libros quedaron desprotegidos: “Los autores que viven o malviven de su derecho de autor, también esperan que se les pague. Si violentamos sus derechos no tienen acceso a ese dinero. Por tanto, hay que empezar por plantearnos el respeto a los derechos de autor”. 

También existen motivos para tener inquietud en este aspecto: hace un año, alrededor de 900 autores, entre ellos, algunos de renombre, como Stephen King, John Grisham o Paul Auster, se unieron en una campaña en contra del manejo que Amazon hacía de sus derechos de autor y del modo como oprimía a otras editoriales. La gota que había derramado el vaso era el trato que la multinacional estaba dando a la editorial Hachette en la venta de e-books. Juntos firmaron una carta de protesta que fue publicada en el New York Times en la que exigían “en los más enérgicos términos, que dejara de lastimar el modo de vida de los autores en quienes había construido su negocio.” Por otra parte, la plataforma también ha permitido que autores que han recibido reiterados rechazos de las editoriales, se autopubliquen, en algunos casos con tal éxito que las grandes editoriales han volteado a verlos. Por otra parte, la autopublicación permite que el autor reciba un mayor porcentaje de las ventas de cada uno de sus ejemplares, literalmente sacando a las editoriales del negocio. (A menos que Amazon decida poner en marcha su plan de pagar a los autores únicamente por el número de páginas que los lectores lean en sus Kindles, lo cual apunta a ser desastroso.) —¿Cómo se cuida esa biodiversidad de la industria? —Que las librerías funcionen —responde Macías—, que los autores reciban sus regalías, que las ferias del libro sobrevivan y sean faros de cultura. ¿Dónde se crean los encuentros entre autor y lector? En las ferias y festivales literarios.¿Cuál es el centro de una feria? El libro y el autor, su creador. 

Para ella es esencial mantener un impulso permanente en la biodiversidad y pensar más allá del negocio. “Pensar en pan ahora y hambre para mañana puede ser un error para todos, porque podemos acabar con una industria que ha sido tan benévola con todos porque genera cultura, conocimiento, recreación. El libro—sostiene— es ante todo un objeto lúdico y debemos verlo así.” 

—¿Se cumple la ley? 

—En la industria editorial, el 90% de los editores respetan la ley y un contingente grande de libreros también la respeta. 

Hay excepciones, por supuesto…

El gigante egoísta

El problema entonces no es solamente la fuerza de Amazon, bueno fuera, sino las prácticas agresivas que la empresa instrumenta para captar un público lo más amplio posible y reducir la competencia a su mínima expresión. 

En el tercer trimestre del año pasado, Amazon reportó pérdidas por alrededor de 400 millones de dólares. Pero no es en realidad una pérdida. Es una estrategia: “Es un gran monopolio que tiene esa fuerza económica de poder entrar y perder”, subraya Pablo Moya. “Pierde dinero porque están invirtiendo en tomar una fuerza que puede llegar a ser terrible. Es como la guerra: haces inversiones millonarias, pero al final conquistas un territorio y serás recompensado más adelante con la reconstrucción. El juego de Amazon es ése: entrar en el tablero del mundo por todos lados. Sus números a veces son rojos, llevan así mucho tiempo, y en ese sentido son una competencia desleal para editores, autores y libreros. No sé en qué dimensión vaya a dañar a los productores mexicanos cuando comience a vender camisas, tenis y joyería por internet. Pero sé lo que puede pasar con los bienes culturales que representan los discos y los libros.” 

Las finanzas internacionales de Amazon son una enorme contradicción: año con año pierde dinero, pero los inversionistas aplauden ese comportamiento deficitario. Saben que esas pérdidas son el precio a pagar por el dominio absoluto del mercado. Cuando ese momento llegue, las ganancias, presumen, serán cuantiosas. Para Moya, nadie podría decir con seguridad cómo funcionará la iniciativa de hacer cumplir con la ley cuando los mismos libreros mexicanos no la han cumplido. En años recientes —argumenta—, Gandhi hizo que desaparecieran muchas librerías en la Ciudad de México con su política de grandes descuentos, y afectó intereses de los editores, obligándolos a reducir los precios a niveles de riesgo. Cita Moya que en México el descuento que manejan las librerías es de entre 40 y 45 por ciento. “Digamos que estableces el precio del libro en cien pesos. Gandhi lo toma a consignación y te va a pedir un descuento. La media es de 35 a 40%, pero te va a decir no, que quiere 50%, y entonces le otorgará un 30% de rebaja al lector, el libro costará al público 70 pesos y Gandhi ganará el 20%, pero su negocio es vender en gran cantidad. Eso es justo lo que hace Amazon”. Las cosas son aún más complicadas en Sanborns, cuyos estantes son inalcanzables para los aproximadamente 150 editores independientes en México. El almacén propiedad de Carlos Slim es inaccesible para ellos, pero con Gandhi las cosas no son muy distintas y también enfrentan grandes dificultades para entrar. “Hay una relación entre editores y libreros que no es muy afortunada —dice Moya—. Hablo por los independientes en general, cuya estructura no siempre tiene el personal y la capacidad que sí poseen los grandes grupos editoriales para atender a las librerías.”

Gritos de independencia

La gran paradoja de la llegada de Amazon es que al mismo tiempo que representará una amenaza al mercado del libro en México, se convertirá en una vitrina importante para los editores independientes que han batallado durante años para tener visibilidad. 

 “Las grandes librerías nos han cerrado el paso a las editoriales medianas y pequeñas. Estamos en el rincón y no voy a decir que somos rinconeras, pero somos marginales”, exclama Pablo Moya y acaricia a su gato, que deambula por la sala y los libreros colmados. “Quisiéramos y peleamos por la ventana principal, pero no está sólo en nosotros ganar esos espacios. El punto no es que vayas a competir con [editoriales grandes como] Random House dentro de la librería, sino que no entras a las librerías… que además funcionan a consignación, lo que quiere decir que entregas tus libros y cuando los vendan te los pagan y ese trámite puede llevarse mucho tiempo. Es una práctica que ha pervertido al mercado.” 

Ramiro Santa Ana y Mónica Braun son socios fundadores de Nieve de Chamoy, casa independiente que ofrece unas ediciones lindas, sofisticadas y sexies de libros electrónicos, un mercado emergente en México. Mucho antes de que Amazon llegara a México, debieron lidiar con las prácticas monopólicas de la empresa.

En iTunes y Google Play, el editor mantiene 70% del precio de venta al público. En Amazon, si tu libro sólo está ahí y cumple con una política de precio en un rango de entre .99 y 99 dólares, tienes derecho a llevarte el 65% de la venta sólo en algunos países. “En México —dice Santa Ana— esto aplica. El detalle es que como editorial no nos conviene tener libros sólo en Amazon, porque no es nuestro principal canal”. Al tener los libros en tu tienda o en otra parte, sólo puedes tener el 35% del precio, un porcentaje muy bajo, aún más que el que un editor se lleva por un libro impreso.” 

Nieve de Chamoy se conforma con ese 35%, porque jamás tiene exclusividad. No le conviene. Sus editores no desean cerrarse otros mercados. Su página web, que empezó a funcionar el 1 de mayo, es su principal canal. “Ha respondido la gente. La ventaja que tenemos es que a sabiendas de que nos quedamos con el 70% del costo del libro, en la página mantenemos siempre un 15% de descuento. Eso alienta al público y nos conviene porque al final mantenemos el 85% del libro.” A final de cuentas, Santa Ana y Braun, como muchos otros editores independientes, deben soportar las condiciones injustas impuestas por Amazon, que inventó y popularizó el libro electrónico. 

“En Latinoamérica la gente está usando la tableta y eso nos conviene como editorial digital, porque es más accesible. Esta masificación nos ha ayudado a buscar otros mercados, principalmente, en nuestra propia tienda.” 

—¿Qué pedirías al gobierno ante la llegada de Amazon? 

—Que si contempla cobrar impuestos por los productos digitales, considere que se trata de un libro —dice Santa Ana—. En España el libro electrónico tiene 19% de IVA y el libro impreso, seis por ciento. En México no debería tener impuestos.

La ley sin dientes

Los actores que participan en la industria editorial reciben la llegada de Amazon con la serenidad engañosa de quien está consciente de que el origen de su confianza es también la fuente de sus dudas: ven en la Ley de Fomento para laLectura y el Libro una fortaleza para contener el avance de la compañía fundada por Jeff Bezos. El problema es que en México la ley suele evadirse y la que regula el mundo del libro carece de sanciones que obliguen a cumplirla.

Amazon, el gigante, será recibido en México por una ley sin dientes. 

Sin embargo, una red social abierta y neutral formada por blogs particulares y tableros de negocios para venta, consulta, encuentro y creación de lectores, llamada la Plataforma Digital del Libro, comenzó a respaldar al Sistema de Registro del Precio Único. “A principios del año había nueve mil títulos y a partir de este esfuerzo va por los 45 000 y crece todos los días. Hay una gran conciencia y velocidad de respuesta”,explica Ricardo Cayuela. La campaña inició a principios de mayo, cuando corrió la voz de que ahora sí, tras varios anuncios en falso, Amazon estaba por llegar a México. 

—¿Cómo recibe a Amazon el mundo mexicano del libro? 

—Todos le hemos extendido una cordial bienvenida —dice Cayuela—. Ya anunció su intención de cumplir la ley, algo que debemos celebrar, aunque no podría ser de otra manera. Lo que diría es ¡qué bueno para los lectores! Y ojo con la cadena de valor del libro mexicano: cumplamos todos la ley. 

En realidad no tenemos forma de saber exactamente qué va a suceder con la entrada de Amazon. En Estados Unidos llevó a Borders al cierre. En España, en cambio, se ha convertido en uno de los clientes de libros físicos más importantes y no ha perjudicado mayormente a ninguna librería. En Francia y en Alemania sucede algo similar: es un actor más que no ha detonado cambios ni apocalípticos ni flagrantemente perniciosos. Existen razones para temer por su presencia, también para sentirse alentados (puede cubrir el enorme hueco de librerías que hay, por ejemplo, en provincia donde apenas se reúnen el 20% de las librerías del país). Hasta ahora ha prometido sujetarse a la Ley del Precio Único y aunque aún no hay sanciones, hoy en día más de la mitad de la industria está regulada, y eso es un gran avance. Cuando se estaba esbozando la ley del precio único se logró un consenso dentro de la industria editorial sin precedentes. Antes incluso de que se publicara, los grupos editoriales más grandes fueron en bloque a negociar nuevas condiciones con las librerías y esto fue importantísimo. Fuera de El Sótano y de Miguel Ángel Porrúa (que no es el dueño de la gran cadena de librerías, es su hermano y apenas tiene dos librerías pequeñas) no ha habido grandes opositores a la ley. 

Si no existiera ni siquiera esa ley, Amazon llegaría, sin lugar a dudas, a quebrar el mercado.

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