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La honesta lujuria… ¿del macho?

El crítico literario Roberto Pliego comentó en su sección “A fuego lento “de Laberinto, suplemento del periódico Milenio, el libro La honesta lujuria, de Marco Tulio Aguilera Garramuño. “Es una novela que debería llevarnos por un incierto juego de seducción pero no lo hace”, opinó. Aquí el texto completo.

Por Roberto Pliego

Ciudad de México / 08.02.2019 16:06:04

Nada simpático me resulta el protagonista de esta novela que pasa por un breve divertimento: Amado de los Santos Dionisio Luna, un violinista mediocre, ya en los cuarenta, quien agobiado por la penuria económica decide prestar sus servicios como consultor erótico y sentimental en la hipnótica ciudad de Xalapa. No me resulta nada simpático porque el narrador de sus andanzas maneja un estilo tan pomposo y extemporáneo como los zapatos de charol. No hay sintonía ni llegamos a ninguna parte.

La honesta lujuria (Nieve de Chamoy), de Marco Tulio Aguilera Garramuño, se resuelve en seis episodios, cada uno rubricado por una mujer a la cual Amado de los Santos se compromete a satisfacer sexualmente a cambio de dinero o solo por urgencia corporal. Ahí están la púber que quiere perder la virginidad con el auxilio de su madre, la mujer sudorosa de 200 kilos de peso, el hada inexpugnable, la esposa insatisfecha, la intelectual esnob, la todopoderosa. El consultor presta satisfactoriamente sus servicios o solo se entrega al juego incierto de la seducción y hasta ahí llega el asunto, siempre siguiendo la misma escala de flirteo y conquista o derrota. Es de suponer entonces que estamos frente a una novela erótica y eso significa que hay un amplio catálogo de acometidas, suspiros, gemidos, acrobacias, exposiciones, caminos hacia el orgasmo. Muy bien. O mejor dicho: qué resuelta invitación al bostezo. Y es que, como decía, el narrador siente un cariño natural por el lenguaje pomposo, una mezcla de academicismo, vanagloria y falsos arrebatos poéticos. Vamos a ver: “De modo que le buscó la tapadera, girar hacia la izquierda, pero ella, con un movimiento veloz, en lugar de dar la cara, lo que dio fue las galas de estribor y le entregó no su coñito chapoteante como el hocico de la peor bestia de Cthulhu, sino un apretadísimo anillo cuya doncellez parecía fuera de toda duda”. O, por ejemplo: “Cualquier científico del amor sabe que una mujer normal es como una pierna de cerdo, que requiere por lo menos de doce horas de maceramiento”.

De La honesta lujuria puede decirse que es una de esas novelas que solo produce una sociedad sin tapujos sexuales, y, sobre todo, que es una de esas novelas que terminan siendo un paso en falso: está bien escribirlas pero conducen a un callejón sin salida; es decir, nacen sin fuego en la sangre porque no aspiran a otra cosa que no sea al encumbramiento del macho quejumbroso.

 https://www.milenio.com/cultura/laberinto/apologia-del-macho

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